¿Por qué vivienda, por qué ciudad, porqué concurso? Reflexiones desde la Universidad.

A las misiones tradicionales de la universidad, de docencia, investigación y extensión, debemos conjugarlas con los verbos incidir, anticipar, y articular. Desde las Facultades de Arquitectura de Latino américa nos queremos ocupar de la ciudad y sus encrucijadas. Algunas apremiantes, otras que necesitan apuntar hacia las direcciones acertadas para recorrer en el tiempo. Unas tienen que ver con caminos y otras con horizontes. Las ciudades, junto con el lenguaje, están entre las más grandes expresiones de la cultura humana. Son, al decir de Lévi-Strauss, “lo humano por excelencia”. Así las ciudades, sus arquitecturas y sus lugares reflejan las sociedades que las han gestado, con sus acuerdos explícitos y tácitos. Expresan sus miserias y grandezas. Son manifestación vívida del instinto por vivir en comunidad. Subyace en ellas la aspiración de compartir un futuro común donde nuestra libertad y nuestra felicidad también están enlazadas con la de nuestros conciudadanos. Quizás por eso la ciudad nos interpela y nos reclama que superemos y expandamos nuestros horizontes individuales, buscando destinos en común. La ciudad, citando a Robert Park, es el invento humano más coherente y, en términos generales, la más exitosa manera de rehacer el mundo en que vivimos. Con ello al crear ciudad, el hombre se recrea a sí mismo. Somos la ciudad que habitamos y a su vez, la ciudad que habitamos nos enseña cómo ser comunidad situada. Hacemos la ciudad, mientras la ciudad nos hace a nosotros. Las ciudades remiten originalmente a un pacto por el cual dotan de dignidad a sus habitantes, nombrándolos “ciudadanos”. Porque ciudad, ciudadano y civilización son comunes en su etimología y así, cuando hacemos ciudad, hacemos civilización y damos lugar al ciudadano para que viva en sociedad conforme a sus derechos. Hoy miles de millones de personas tenemos en común el hecho de vivir en estas formidables creaciones humanas que llamamos ciudades. Y cientos de millones lo hacen en condiciones indignas. Una tarea colectiva es restituir este, su sentido original. Hacer que vuelvan a ser las dadoras de derechos. Nuestro concurso remite a esta noción fundante de las ciudades, siguiendo un camino que apenas estamos comenzando a recorrer. Louis Kahn, el maestro de Filadelfia, nos señalaba la capacidad de evocación de las ciudades “Una ciudad es ese lugar donde un niño, al recorrerla, descubre lo que será cuando sea grande”. Sociedad y futuro enlazados por las ciudades. Existen en nuestra Latino américa ejemplos de políticas exitosas en operaciones urbanísticas con eje en la inclusión social y en la comprensión del rol que la promoción de la cultura puede tener como aglutinador social de una comunidad. Son ejemplos de políticas activas de mejora de las condiciones de vida de los habitantes. Todas ellas requieren de propuestas inteligentes sobre la vivienda. Así, se ha conseguido exitosamente la recuperación de ciudades o fragmentos urbanos devastados, que hoy estudiamos bajo la idea de resiliencia. Pensadas así, y signadas por su naturaleza multiescalar y compleja, las ciudades son espacios de inclusión y transformación social. Son una plataforma de infraestructuras disponibles para la gente. Ellas ofrecen una red de medios y servicios de naturaleza y escala comunitaria: autopistas, redes de agua y de energía, hospitales, parques, aeropuertos, escuelas, todo esto inaccesible a las escalas o esfuerzos individuales. Tienen así el mandato y la entidad de lo colectivo. El sentido de un gobierno común es el de ocuparse de lo que espontáneamente no ocurre ni se organiza, generando estructuras de desarrollo e inclusión. La Ciudad acontece bajo esta condición: construir civilidad y ciudadanía, es decir para concedernos el carácter de ciudadano: nuestros esfuerzos deben ir en esa dirección. ¿Por qué las Universidades? Las pensamos como los espacios de la anticipación de los escenarios, no solo como los de la exploración de soluciones a los problemas ya existentes. Desde las Universidades podrán salir visiones y proyectos para que las ciudades vuelvan a ser los lugares de la asunción de la conciencia. Son significativas para las comunidades universitarias la colaboración y agenda compartida entre ciudades y universidades latinoamericanas, entendido como un marco regional común, que debe ser desarrollado. Esta iniciativa del concurso de estudiantes de arquitectura de toda Latino américa ha significado un ejemplo en ese sentido. Junto con ello se hace necesario valorar y empoderar a las ciudades y a su población, con la necesidad de la gestión económica de las mismas. ¿Y Por qué un concurso? Todos tenemos algo que enseñar y algo que aprender. Esa es la lección de nuestros talleres. Así, el trabajo de los otros es siempre una oportunidad de aprendizaje. En cada 13 propuesta esperamos encontrar lucidez, exploración de las fronteras disciplinares con sus oportunidades y conflictos implícitos. Cada país y cada región aportan sus miradas singulares, enriqueciendo el debate contenido en el concurso. ¿Por qué vivienda? Las viviendas son el principal elemento constitutivo de nuestras ciudades. Hay ciudades sin monumentos, hay ciudades sin aeropuertos u hospitales, pero no hay ciudad sin vivienda. A una edad, la vivienda es el mundo, alojando toda su complejidad. La vivienda, con su enorme capacidad de animar a las ciudades, conforma una membrana entre el espacio público y el privado. El carácter de ese límite es un sitio a mirar. Debemos, como comunidad disciplinar, proponer respuestas para estas encrucijadas: Las ciudades crecen, las ciudades deben densificarse, deben acompañar la vida de sus habitantes, las viviendas deben dignificar la vida de sus habitantes. La discusión que las respuestas de todos estos estudiantes de Latino américa proponen apuntan en esa dirección. Todo ello debe hacerse desde la calidad y pertinencia proyectual. Quizás podamos pensar la ciudad como metáfora de ese camino común. Comunidad de destino. Horizonte común. Sirvan estos esfuerzos de nuestros estudiantes a la comunidad de Hábitat III. Arquitecto

Ian Dutari